5.6.09
 TERMINATOR SALVATION: CITA CON LOS CYBORGS ASESINOS

Algo cambió en el cine de ciencia ficción en 1984. En aquel año, la estrella del posteriormente famoso y laureado James Cameron se encendió para no decaer en las dos décadas siguientes. The Terminator, escrita y dirigida por el realizador estadounidense en ese 1984, se ha convertido en una película de culto para los aficionados al cine de ciencia ficción. Y también de la acción. El Terminator 101 T-800 diseñado por la empresa Cyberdyne Systems, con el rostro pétreo e inexpresivo (marca de la casa) de Arnold Schwarzenegger, era enviado desde el futuro para evitar la llegada al mundo de John Connor, el hombre que lideraría la resistencia de los humanos en un mundo controlado por las máquinas.

Desde entonces queda claro que Terminator es imparable, siempre vuelve, y en efecto, veinticinco años después, con Schwarzenegger convertido en gobernador de California, las máquinas siguen persiguiendo a John Connor, el líder de una resistencia abocada a sobrevirir incluso a un Juicio Final, aunque la acción se sitúe en 2018. Y al frente de todo ello Christian Bale, que cuelga (de momento, puesto que se promete tercera entrega) la capa de Batman para embarcarse en Terminator Salvation, un proyecto por el que en principio no tenía demasiado interés.

A fuego lento
“Me fui convenciendo a fuego lento”, confesaba el actor galés durante un encuentro con la prensa para presentar la película en Estados Unidos, donde se ha situado de inmediato en los primeros puestos de la taquilla. “Fue un proceso largo, sobre todo para hacerme una idea en mi mente de la película que yo, como espectador, querría ir a ver al cine, y que generase la misma expectación que yo sentí cuando vi Terminator 2: el Juicio Final”, añade Bale.

Sobre su papel de John Connor, el protagonista de El caballero oscuro tenía claro que debía haber evolucionado bastante tras el paso de los años: “es más mayor y ya ha pasado por el día del Juicio Final”, desarrolla Bale. “Vivir un acontecimiento semejante altera a cualquier individuo, así que en muchas cosas es una persona completamente diferente”.

Christian Bale tuvo claro desde el principio que “esta es una película muy diferente a El caballero oscuro en todos los aspectos; allí queríamos empezar de cero y aquí abrazamos por completo la mitología de la franquicia”.

Terminator 2: el Juicio Final, también dirigida por James Cameron, se estrenó en 1991 y se convirtió en un fenómeno de taquilla global. La historia se retoma después de que Sarah Connor (Linda Hamilton, en esos años, esposa de Cameron) fuera recluida en un hospital mental y su hijo adolescente, John Connor (interpretado por Edward Furlong), tiene que defenderse del sofisticado T-1000 (Robert Patrick), un robot de metal líquido capaz de adoptar cualquier forma que Skynet, la computadora que desencadenará el ataque de las máquinas tras el día del Juicio Final, ha enviado al pasado para asesinarlo. Pero el futuro Connor envía un T-800 (Schwarzenegger) reprogramado para protegerse a sí mismo. Sarah, John y su nuevo aliado intentan escapar del T-1000 y evitar a toda costa el día del Juicio Final.

Recuerdos imborrables
“Tenía 17 años y recién había llegado a Estados Unidos cuando se estrenó T2”, cuenta Christian Bale. “Recuerdo la expectación en el cine, jamás había visto nada semejante. Durante toda la película no podías escuchar nada porque todo el mundo estaba gritando”.

El director Jonathan Mostow cerró la primera trilogía en el año 2003 con Terminator 3: la rebelión de las máquinas, en la que el terrible evento que Connor (ahora con las facciones de Nick Stahl) y su madre trataban de prevenir, el Juicio Final, es inevitable y la guerra nuclear estalla en el mundo bajo el comando de Skynet.

Nueva vuelta de tuerca
En Terminator Salvation, tras ver el montaje de los efectos especiales Christian Bale tuvo claro, como apunta con una sonrisa irónica, que “nosotros fuimos al rodaje pensando que eramos los protagonistas, pero eso no es cierto en lo más mínimo. La gente no irá a vernos a nosotros. Tenemos que aportar nuestra historia, por supuesto, porque no importa cuán geniales sean los terminators y las explosiones. Si no hay una buena historia, ¿de qué sirve? Pero enfrentémonos a los hechos: los terminators son las verdaderas estrellas de la película. Y van a sorprender más allá de lo imaginable a todo el mundo”.

En Terminator Salvation, dirigida por McG (así firma sus trabajos el director de las dos entregas de Los ángeles de Charlie, Joseph McGinty Nichol), Bale comparte protagonismo con Sam Worthington y Bryce Dallas Howard, pero los productores de la cinta guardaron también una pequeña sorpresa: la aparición estelar de Arnold Schwarzenegger, quien hace seis años se retiró prácticametne del cine con la tercera y para algunos, decepcionante entrega.

¡Volveré!
Cara de palo (y de pocos amigos), gafas de sol robadas al prójimo y ciertas intenciones aviesas. ¡Volveré!, dijo el cyborg (interpretado por Schwarzenegger en 1984), en una apacible comisaría de policía, donde poco segundos después se instaló el caos. Esa escena, esa promesa de retorno del robot asesino de The Terminator, fue el primer punto de inflexión que impuso esta franquicia del cine sci-fi. Siete años después, vendría la revolución, no tanto por la historia, como por unos efectos especiales que metieron de lleno el diseño SGI (esto es, por ordenador), en el libreto de Cómo hacer una buena peli de acción. Los genios de ILM y del estudio de Stan Winston pusieron de su parte para marcar el siguiente hito en la evolución de los F/X y del espectáculo hecho cine.

La historia funcionó en taquilla y Cameron dejó la senda abierta para que otros (como Spielberg y sus dinosaurios), completaran la faena. Pero más allá de los meros artificios, la saga Terminator engancha porque tiene elementos para ello: a la gente siempre le han interesado los viajes en el tiempo y los apocalipsis ya sean causados por los efectos del clima, por un meteorito gigantesco, por robots asesinos enviados del futuro o por el mismísimo Mefistófeles. Sea como sea, todo esto adobado con mucha acción y personajes chulos, hace de una saga como la de Terminator, un juguete goloso con el que seguir haciendo caja. Lástima que en la tercera parte, se notara en demasía que no estaba Cameron al mando (Jonathan Mostow no estuvo a la altura), y que Arnie pensaba más en la política que en ser vapuleado por una neumática Terminatrix. En esta tercera parte, por no funcionar, no funcionó ni el resto del reparto, en el que, lamentable error, no se encontraba una Linda Hamilton, que ya en la segunda parte daba más miedo incluso que los cyborgs asesinos.

Sayonara, baby...
...aunque mola más en versión original, cuando el vetusto T-800 dice en perfecto español “Hasta la vista, baby”, antes de hacer añicos a un acristalado y congelado T-1000.

Queda ahora por comprobar si el responsable de las infumables nuevas ángeles de Charlie es capaz de homenajear el legado de Cameron, que a pesar de estar alejado de la saga, algo habrá tenido que ver en esta última entrega. El protagonista de su último filme (Avatar), es el que le da la réplica a Bale en ésta.


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3.4.09
 BUENOS VS. MALOS



Ya lo decía Paul Muni, el Scarface de Howard Hawks en 1932: “Vosotros necesitáis gente como yo, a la que poder apuntar con vuestros jodidos dedos para decir: Ese es el mal.” Es lo que tiene ser “el malo”, el reverso tenebroso de lo que somos pero que está ahí. Por eso quizá, porque lo tenemos cerca, porque lo vivimos a diario aunque no lo toquemos, nos gustan tanto los personajes de malo.

Los malvados de la literatura y en especial del cine dan rienda suelta a lo que nosotros no podemos (bueno, sí podemos, lo que pasa es que no lo hacemos), hacer. Por aquello de que nos seduce lo prohibido nos encanta el personaje renacentista de Hannibal Lecter, o la maldad versión Lado Oscuro de Darth Vader o el sadismo nazi del Amon Goeth practicando el tiro al judío e interpretado en La lista de Schindler por Raph Fiennes.

Pero indudablemente, los malos necesitan a su némesis, al bueno al que fastidiar y que indudablemente, debe enfrentarse a la encarnación del mal. Buenos contra malos. Casi siempre ganan los primeros, pero... lo bien que lo pasamos con los segundos, ¿no?

Empecemos a hablar de buenos del cine y de la tele. Y pensemos en listas que de vez en cuando se hacen. James Bond del lado de los buenos y la Malvada Bruja del Oeste de la película El mago de Oz del lado de los malos. Estos dos personajes son el héroe y la villana, respectivamente, más cool de la historia del cine según una lista elaborada por Entertainment Weekly.

El primero fue Sean Connery, que hizo del personaje lo que ahora es en el Séptimo Arte, y el último, que está causando sensación, es Daniel Craig. Por el camino quedan actores como Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y el desconocido y efímero (sólo una película del espía más famoso al Servicio de su Graciosa Majestad), George Lazenby. Todos ellos han contribuido a hacer del agente 007 el héroe más glamouroso y elegante de la historia del cine.

Bond está por delante del arqueólogo más intrépido del celuloide, Indiana Jones, y del hombre más poderoso del Universo, Superman. El cuarto lugar de la lista de EW es para el hipertaquillero niño mago Harry Potter, al que siguen la teniente Ripley, Sigourney Weaver en la saga de Alien, Bruce Willis (John Mclane) en La jungla de cristal y Han Solo, Harrison Ford en Star Wars.

En la lista también aparecen estrellas de la pequeña pantalla, como Sarah Michelle Gellar (Buffy cazavampiros), o Kiefer Sutherland y su aguerrido y prácticamente indestructible Jack Bauer de la serie 24. En este top 20 de los héroes más molones también hay sitio para los superhéroes (Spiderman o Batman) y para auténticos mitos del celuloide como Clint Eastwood y su Harry el sucio o el inolvidable Gary Cooper de Solo ante el peligro.

Los malos de la función
Por parte de los villanos la que ocupa las preferencias de los lectores de la revista estadounidense es la Malvada Bruja del Oeste, la mala malísima de El mago de Oz que, interpretada por Margaret Hamilton intentaba aguarle la fiesta a Judy Garland. Completan el pódium de los villanos otros dos clásicos en estas listas: Darth Vader de Star Wars y el caníbal elitista Hannibal Lecter presente en El silencio de los corderos y dos de sus secuelas. En cuarto lugar queda el Joker, seguido de Alex DeLarge, Malcom McDowell en La naranja mecánica, y del malo de Los Simpsons, Montgomery Burns.

La femme fatale a la que dio vida Sharon Stone en Instinto Básico (su personaje se llamaba Catherine Trammel), también está en una lista en la que aparece el Voldemort interpretado por Ralph Fiennes (de la saga Harry Potter), Drácula, J.R. de Dallas, La madrastra de Blancanieves, los asesinos en serie de Psicosis y Halloween (Norman Bates y Michael Myers, respectivamente), y el perturbado Jack Nicholson en El resplandor, filme dirigido por Stanley Kubrick.

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30.3.09
 HA MUERTO MAURICE JARRE



¿Qué sería de películas como Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago sin las notas musicales que le acompañan y que tenemos todos en nuestro subconsciente? El autor de esas melodías acaba de morir y el mundo del cine está hoy huérfano de uno de los grandes compositores de bandas sonoras. Recibió tres Oscars (bien merecidos), por las dos cintas anteriormente citadas y por Pasaje a la India, de James Ivory.

En todos nosotros queda la sombra de Lawrence por las dudas del desierto o a Lara y Yuri Zhivago en carro por una estepa siberiana mientras suena los ecos de una música que ya hoy no se hace.

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27.3.09
 AMARÁS AL CINE SOBRE TODAS LAS COSAS






Ya está aquí la Semana Santa, que para muchos es un momento de recogimiento y fervor, mientras que para otros es la oportunidad de tener un merecido descanso. Lo cierto es que, para los cinéfilos, es un momento perfecto para un buen maratón, por lo que les proponemos una lista de películas que a pesar de tener un tema en común, van de lo más sagrado a lo profano. Sólo aclaramos que, para aquellos demasiado ortodoxos, habrá más de una cinta que quizá sería bueno que evitaran. Para los de mente más abierta, todas son muy, muy recomendables. Vayamos pues a ofrecerles una lista de lo más “recomendable” para estos días.

En primer lugar nos encontramos con El martir del calvario, la cinta mexicana por excelencia en el tema. Gracias a la actuación de Enrique Rambal, muchos aún creen que Jesucristo tenía acento español.

Otra película destacada es La vida de Brian, obra maestra de Monty Python que nos narra la vida de un pobre diablo cuyo único mérito es estar cerca de Jesús en los momentos más inoportunos.

Seguimos con El séptimo sello. Jesús está de regreso en la Tierra, pero al parecer el concepto de dar la otra mejilla es parte del pasado, y es ahora mucho más combativo.

La polémica viene de la mano de La última tentación de Cristo, una visión muy particular de la vida de Jesús, en donde logran humanizarlo a un nivel que nunca nadie había hecho. Basada en la novela de Nikos Katzanzakis, levantó un enorme revuelo el año de su estreno.

Jesucristo cazavampiros retrata a un extraño dueto que se dedican a buscar vampiras lesbianas: El Santo y el mismo Jesucristo. Una película tan mala, que resulta excelente.

Algo más alegre. Jesucristo Superstar. Si bien ya había sido bastante exitosa como musical, fue tras su llegada al cine de la mano de Norman Jewison cuando se volvió un verdadero clásico.

La historia más grande jamás contada es una interpretación de la vida de Jesús en forma de superproducción, que llegó a ser un gran éxito en los sesenta. El sueco Max von Sydow hacía de Cristo.

En octavo lugar nos encontramos con Jesús de Montreal, que narra el paralelismo entre un actor canadiense y la vida de Jesús. Las similitudes se hacen patentes cuando él mismo tiene que interpretar al Salvador en una producción.

Polémica también levantó (por su crudeza visual y por la imagen que se daba de los judíos), La pasión de Cristo, filme dirigido por Mel Gibson que pretendió una reconstrucción más fiel del Jesús histórico.

Para cerrar esta lista, tenemos a Ben Hur, un clasicazo de estas fechas en el que aunque Jesús no es el principal personaje, las circunstancias de su vida influyen en esta megaproducción.

Quedan muchas en el tintero (Jesús de Nazaret, Quo vadis, La túnica sagrada...), pero ya habrá tiempo de comentarlas en otro especial.

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18.12.08
 LOST IN TRANSLATION

Surfeando por esos procelosos mares de internet, me he encontrado con un jugoso artículo al que hace tiempo quería echar el lazo. En él se habla de las tropelías, andanadas, maldades, vilezas, etcétera, que algunas veces los traductores de películas cometen con algunas joyitas. Partiendo del clásico descacharrante de los hermanos Marx, Plumas de Caballo, se habla de cómo algunos "expertos" le dan vueltas de tuerca al lenguaje para intentar conservar el sentido del guión. Lo malo es que algunas veces no se consigue...

Os dejo el enlace http://www.publico.es/culturas/183644/perdidos/n/traduccion para que podáis juzgar por vosotros mismos. Espero que disfrutéis.

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5.11.08
 ¿SUEÑAN LOS DIRECTORES CON PELÍCULAS ELÉCTRICAS?


Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Frase mítica de Blade Runner. Pero antes de entrar en harina, vayamos al principio. Al Creador. Hablar de Philip K. Dick es hacerlo de uno de los grandes nombres de la literatura de ciencia ficción. Es hablar también de un filón para el cine en los últimos veinte años, puesto que se han adaptado para la pantalla varios de sus relatos, algunos con más fortuna que otros. Spielberg hizo una adecuada recreación de uno de sus relatos, Minority report, y Ridley Scott puso de moda a un autor que moriría poco antes de ver acabada Blade Runner, adaptación de su relato corto ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Otros venerables nombres como el de Paul Verhoeven también se han atrevido a utilizar al señor Dick como fuente de inspiración cinematográfica (v.g. Desafío Total).
La obra de Dick se ha calificado de visionaria, fría, desprovista de sentimiento pero terriblemente cercana a una verdad que puede cristalizar en los próximos años. Probablemente tampoco se equivoquen aquellos que encuentran analogías en los mundos futuros que este escritor narraba en sus obras con aquel que le tocó vivir (y con el que nos toca en suerte también a nosotros). De todas formas ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? encontró una magnífica versión cinematográfica, aunque la película de Scott incidía algo más que el libro en aspectos llamémosle sentimentales. La película se aleja en algunos asuntos del relato de Dick aunque sigue siendo una alucinante pesadilla fantacientífica cuya principal premisa argumental es la tenue línea que separa lo artificial de lo natural, expuesta en la historia de un agente, Rick Deckard, que se dedica a cazar replicantes, androides con semejanza humana y lo que es más importante, con la capacidad de sentir, algo que les hace especialmente peligrosos para el statu quo imperante (una ciudad anclada en la mitad de nuestro siglo con cierto aroma a megalópolis nipona).
Eso en el terreno literario. Pasemos al celuloide. Ridley Scott (con la ayuda literaria de Philip K. Dick y la de Hampton Fancher y David Webb Peoples en el guión y antes de querer convertirse en el director que más películas rueda), no solo monta una magnífica intriga policiaca, sino que también se esmera en detallarnos un futuro tenebroso (¿por qué el futuro casi siempre es oscuro?¿miedo a lo desconocido?), esa megalópolis que ya de por si es un personaje en el que interactuan los demás. Analogía: lo mismo ocurría con la selva que describía Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas.
Fantasía distópica en un principio, Blade Runner va más allá. Interesante mezcla de géneros incomprendida en su tiempo (y aún hoy por mentes incapaces de ir más allá de tontadas sentimentaloides perpetradas por las majors de Hollywood que pueblan cines y estanterías de videoclub), Scott combina cine negro, acción, drama clásico (en el sentido grecolatino de la palabra), además de ser una obra multireferencial en varios aspectos (citas inspiradas en grandes de la literatura, partidas de ajedrez famosas, etcétera). La película (así como la obra literaria de Dick), es también una avanzadilla de mundos futuros que bien podríamos vivir/sufrir. De esa labor premonitoria participaron a posteriori películas como Inteligencia Artificial (basado en un relato de otro de los grandes de la literatura fantacientífica, Brian Aldiss), Minority Report, Robocop, Brazil o la saga de Matrix. Muestras de anime como Akira, Ghost in the Shell, Appleseed o Cowboy Bebop son totalmente deudoras del lenguaje cinematográfico de esta película.
Por otro lado, en la génesis de Blade Runner no solo confluyeron una buena materia prima (relato), con un guión atinado (obra más de Peoples que de Fancher) y un director en estado de gracia (que venía de hacer Los duelistas y Alien, el octavo pasajero). Este film no sería el mismo sin la influencia de la obra de Moebius o Edward Hopper, que establecieron en gran medida el estilo visual de la cinta, más un sensacional trabajo de decorados de Syd Mead, unos efectos especiales avant garde a cargo de Richard Yuricich y Douglas Trumbull y la evocadora música de Vangelis. Cóctel perfecto que no gustó apenas al otro lado del charco en el 82 cuando la película se estrenó, pero que fue capital para que el mercado videográfico se desarrollara, porque fue ahí donde el film de Ridley Scott tuvo una segunda vida y donde se convirtió en "objeto" de culto.
Como prácticamente toda la obra de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es un fulgurante y directo relato, que absorbe al lector desde la primera página con un comienzo impactante y demoledor y que te lleva por senderos que todo aquel devoto de la película de Scott debiera conocer. Película y libro se complementan. Son las dos caras de una misma moneda. Si tenemos al alcance de nuestra mano esta joyita literaria de la ciencia ficción, podemos ver, comparar y regocijarnos con el genio de un autor, de un genio esquizofrénico (sazonado con adicción a numerosas drogas) que se ha convertido a título póstumo en uno de los reyes de la narrativa de ciencia ficción y con cuya prosa nos llevó a través de las puertas de Tannhaüser para observar naves ardiendo más allá de Orión.

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16.10.08
 BILLY WILDER, UN GENIO CASI PERFECTO
Cuentan las crónicas que cuando Jack Warner (mandamás de la Warner Bros.), vió El crepúsculo de los dioses, exclamó: ¡Cómo se atreve ese Wilder a morder la mano que le da de comer! Esto lo dijo sin darse cuenta de que delante suya andaba el mismísimo Wilder. Este se dio la vuelta y le dijo al que teóricamente era su jefe: "Soy el señor Wilder y váyase a la mierda". Nobody's perfect...
Su vida es digna de ser revivida. Periodista de los buenos en Viena y en Berlín (el mismísimo Freud le dio con la puerta en las narices por ser un plumilla "demasiado incómodo"), escapó de los nazis dejando a parte de su familia a merced de las hordas de Hitler. No hubiese pasado nada, de no ser por un pequeño detalle: los Wilder eran judíos. Su madre murió en Auschwitz, cuando Billy ya pululaba por EE.UU.
Como lo suyo era escribir se puso a redactar libretos. Trabajó con grandes de la talla de Ernst Lubitsch, Mitchell Leisen o Howard Hawks (en películas como Ninotchka, Medianoche o Bola de fuego, respectivamente), y harto de que algunos -en especial Leisen-, hicieran lo que les daba la gana con sus guiones, decidió dirigir sus propias creaciones.
Con Mauvaise graine, comenzó una prometedora carrera como director en la que engarzaría títulos maravillosos a una velocidad inusitada para lo que es el oficio de realizador. Con una bulliciosa mente en la que salían a borbotones ideas para guiones a los que luego daba forma junto a sus inseparables Charles Brackett o I.A.L. Diamond, Wilder llegó a encadenar varias obras maestras en el espacio de unos pocos años.
Absoluto dominador del slapstick, de la comedia alocada, heredero del toque Lubitsch, junto a Stanley Kubrick, ha sido de los pocos directores de cine capaces de reinventarse a cada propuesta que encaraba.
Dio nuevos brios al cine negro en la absolutamente cautivadora Perdición, cultivó con acierto el género de aventuras con Cinco tumbas a El Cairo, el cine judicial alcanzó cotas insuperables con Testigo de cargo, al bélico lo realzó con Traidor en el infierno, etcétera. Pero en la comedia fue donde llegó a ser un auténtico Dios, Fernando Trueba dixit. Sabrina, La tentación vive arriba, Con faldas y a lo loco, El apartamento, Uno, dos tres, En bandeja de plata, Primera plana... Muestras más que de sobra para abrir un episodio completo en la historia del Séptimo Arte dedicado al señor Wilder.
Con una intuición impresionante para crear situaciones cómicas (mucho también le debemos a los señores Brackett y Diamond), unido a una mano izquierda impresionante para la dirección de autores (tuvo a Audrey Hepburn, a William Holden, a Humphrey Bogart, a James Stewart, a Jack Lemmon y a Walter Matthau, e incluso a Marylin), más un conocimiento del medio cinematográfico sobresaliente, Wilder es el gran contador de historias. Da igual que sean las correrías de dos músicos travestidos en plena matanza del Día de San Valentín, o de una estrella del cine mudo en absoluto declive. Lo mismo da que sea la historia de un periodista sin escrúpulos que busca la exclusiva a cualquier precios como sea (en El gran carnaval), que la historia de la hija del criado que revoluciona el corazón de dos "señoritos". Wilder siempre sabe encandilar al público. ¿Por qué? Porque lo hace fácil, porque bebe de sus fuentes, porque siempre lo deja todo atado y bien atado. Almost perfect...
Tenemos la sensación de que el señor Wilder dejó de hacer cine (perdón, perdón, cine no,... películas, él hacía películas), demasiado pronto. En 1981 legó su última obra. Aquí un amigo cerró una etapa gloriosa del CINE, con mayúsculas, en las que hubo obras maestras y "otras películas de las que no quiero hablar". Menudencias para el maestro, pero perlas absolutamente adorables para sus seguidores. ¿Cómo si no, podemos hablar de malas películas en casos como El mayor o la menor o Berlín Occidente? Imposible. So perfect.
Hagan lo que yo. VHS o DVD. Elijan. Pónganse por ejemplo, El crepúsculo de los dioses y déjense guiar por ese aura mítico que tenía el cine clásico y que ya desapareció como lágrimas en la lluvia. Prepárense para un primer plano y sonrían... Están ustedes ante una obra de arte, aunque como diría el maestro... nadie es perfecto.

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15.10.08
 COMENTAD, COMENTAD, MALDITOS
Queridos amigos:
Desde el día de hoy podréis hacer vuestros comentarios a mis prolijos comentarios. Así que sed buenos compañeros.

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11.2.08
 EMULANDO A AUDREY

Puede que no estemos en 1961, que yo no me parezca a George Peppard ni tú a Audrey Hepburn y que la confluencia de las calles José Ortega y Gasset y Claudio Coello en Madrid, no sea la neoyorkina Quinta Avenida. Pero el próximo otoño podremos levantarnos un domingo, comprar unos bollos y un café para llevar y desayunar contemplando el escaparate de Tiffany's, porque la firma internacional de joyería abre tienda en la milla de oro madrileña. La legendaria firma, que adquirió fama mundial gracias a la novela de Truman Capote Breakfast at Tiffany's llevada al cine en 1961 de la mano del director Blake Edwards, tendrá que competir con vecinos de la talla de Louis Vuitton, Armani, Hermes, Channel o Gautier.
Así que para emular a Holly, la protagonista de la película, sólo necesitas hacerte con un traje negro de seda largo y de tubo, que venden en cualquier tienda de disfraces con la boquilla para fumar a juego por unos 30 euros, (el original era de Givenchy), y un café con bollo -por seis euros en el Starbucks situado en la misma calle de Ortega y Gasset - y admirar el glamuroso escaparate. Porque para entrar y para llevarte un regalito necesitas una suma cuantiosamente mayor.

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14.11.07
 KIESLOWSKI POLIÉDRICO

Debemos recordar al Krzysztof Kieslowski sobretodo en el tiempo en el que crece: Polonia ya pertenecía a la Unión Soviética y fue mediante su educación en Lodz, que Kieslowski no sólo se abrió camino en el arte cinematográfico, sino en el arte en general. La escuela de Lodz era la salida perfecta para aquellos jóvenes ávidos de querer descubrir más allá de una cortina de hierro y entrar en contacto con el cine internacional y la literatura global.
Entonces estamos frente a la formación de un autor, del cineasta que busca separarse de los demás, del que se queja que en el cine todos se educan para hacer películas y no para ser diferentes. El mundo cambiaba y los sellos personales pasaron a ser reemplazados por marcas de fábricas, películas empaquetadas y realizadores escogidos.
Entre trabajos en el teatro y los estudios, consiguió un diploma en pintura escenográfica y posteriormente se gradúa con un documental titulado Ciudad de Lodz (1968). Localmente empieza a trabajar en más proyectos, su primer motor como director fueron los documentales, como el de La fábrica (1971), que fue postergado en exhibición debido a las ideas contrarias al proletariado. Luego vendrían cortometrajes como Primer amor (1974), ganador del Dragón de Oro en el Festival Internacional de Cracovia, el telefilme El personal (1976), primer premio del festival alemán de Mannheim. Los años transcurrían a medida que sus trabajos iban siendo realizados, eso no lo desligó del teatro, en el cual también tuvo participación activa en varios montajes.
No sería hasta su filme, La cicatriz (1976), que vería su imagen catapultada como una gran figura del cine polaco, entonces vendrían sus trabajos en televisión, telefilmes y por supuesto, su compromiso con los axiomas morales y su realización de El Decálogo. Ya en 1988 vendría el reconocimiento internacional con el Festival de Cannes y su galardón con el premio especial del jurado a su película No matarás, parte del conjunto de obras que encierran El Decálogo.
Debido a lo difícil de la situación económica en su lado de la cortina de hierro, la mayor parte de sus películas se verían forjadas en Europa Occidental, sobretodo en Francia, donde nacerían La doble vida de Verónica (1991) y la trilogía que llevó a Kieslowski al mito, Azul, Blanco y Rojo.
Kieslowski falleció a unos escasos 54 años, había anunciado su retiro de la dirección, pero no así del cine. Continuó trabajando en una nueva trilogía en base a la obra de Dante Alighieri y del cual, se han rodado los guiones titulados Heaven, fue llevado en el 2002 a la pantalla por el alemán Tom Tykwer, el mismo de Corre, Lola, corre (1998) y El perfume (2005), y L’enfer (2005), dirigido por Danis Tanovic.
Tal vez el mito no nace con su obra, si no con su persona, Kieslowski siempre supo mantenerse humano ante todo y ese mito parte de la admiración. No es un dios de la creación, no es el dios de su decálogo, tan sólo fue un hombre que supo comunicar con el lenguaje más básico y universal, el de las imágenes. Supo decir aquello que nosotros guardamos al cerrar la puerta y mirarnos en el espejo.

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CITAS VARIAS .-

'el mejor cine es aquel
que puede percibirse
con los ojos cerrados'

'no es un arte, sino un aroma'

'me gusta que las películas
tengan comienzo, nudo y desenlace,
pero no necesariamente en este orden'

'dime lo que comes y te dire lo que eres'
 SOBRE este sitio
El hombre no sólo se alimenta
con las viandas habituales...
algunos necesitan
de otras cuestiones,
el cine es una de ellas.
Un acercamiento muy personal al Séptimo Arte, una visión que es una más, sólo eso, ni mejor ni peor. Sobre gustos no hay nada escrito, y todo depende del cristal con que se mira.
El cinéfago expone y tú opinas.

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Miguel A. Bolaños
Cádiz - España | abril 2004
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